El Cementerio de los Ingleses de Santander: la historia oculta tras una verja en Cazoña

 Cementerio Protestante de Santander: el Cementerio de los Ingleses de Cazoña



El Cementerio de los Ingleses de Santander: la historia oculta tras una verja en Cazoña

Hay lugares que pasan desapercibidos incluso para quienes viven a pocos cientos de metros de ellos.

Lugares que están ahí desde hace décadas, rodeados por edificios, calles, coches y la vida cotidiana de una ciudad, pero que parecen pertenecer a otro tiempo.

En Santander existe uno de esos lugares.




Está en Cazoña, en la calle Cardenal Herrera Oria, escondido detrás de una verja y rodeado por la ciudad. Al otro lado de esa puerta descansan 128 personas de diferentes nacionalidades, muchas de ellas vinculadas a la historia industrial, ferroviaria, comercial y marítima de Santander.

Es el Cementerio Protestante de Santander, conocido también como Cementerio Británico, Cementerio de los Ingleses o Cementerio de Cazoña.

Y probablemente sea uno de los rincones históricos más desconocidos de la ciudad.

No es un cementerio monumental al estilo de los grandes camposantos europeos. No tiene largas avenidas de mausoleos ni enormes esculturas funerarias.

Es mucho más discreto.

Precisamente por eso resulta tan interesante.

Porque detrás de sus muros hay una pequeña parte de la historia de Santander que quedó apartada durante décadas y que todavía hoy puede contemplarse desde el exterior, aunque el recinto permanezca cerrado al público.


Un pequeño cementerio británico escondido en Santander

A primera vista puede resultar extraño encontrar un cementerio protestante en Santander.

Sin embargo, basta con retroceder unos siglos para comprender por qué existe.

Santander mantuvo durante mucho tiempo una estrecha relación comercial y marítima con Gran Bretaña y otros países europeos. Por el puerto y por las industrias de la zona pasaron comerciantes, marineros, técnicos, ingenieros y trabajadores extranjeros.

La presencia británica no fue algo anecdótico.

Los vínculos con Santander se remontan a siglos atrás y se intensificaron especialmente durante el siglo XVIII y el XIX, con la actividad portuaria, los astilleros de Guarnizo y diferentes industrias.

Después llegaría otro elemento decisivo: el ferrocarril.

La construcción de la línea de ferrocarril entre Alar del Rey y Santander, entre 1850 y 1852, provocó la llegada a Cantabria de numerosos técnicos y trabajadores británicos.

Y algunos de ellos terminarían formando parte, sin saberlo, de la historia de este pequeño cementerio.


Cuando un protestante no podía ser enterrado en un cementerio católico

Para entender el origen del cementerio hay que situarse en una época en la que la religión condicionaba incluso el lugar donde una persona podía ser enterrada.

Los cementerios católicos eran considerados espacios sagrados y las personas pertenecientes a otras confesiones religiosas no podían recibir sepultura en ellos en las mismas condiciones.

Protestantes, personas de otras religiones, ateos o incluso quienes habían muerto en determinadas circunstancias quedaban fuera de aquel espacio considerado sagrado.

En Santander, esta situación terminó generando la necesidad de disponer de un lugar específico para los fallecidos de confesión protestante.

La presencia de extranjeros aumentó durante el siglo XIX y con ella también la necesidad de resolver algo tan básico como dónde enterrar a quienes morían lejos de sus países de origen.

La actividad de la Legión Británica en Santander durante la Primera Guerra Carlista también forma parte de esta historia.




La Legión Británica y el recuerdo de 1835

En el interior del cementerio existe uno de sus elementos más singulares: un monumento funerario dedicado a la Legión de Marinos Británicos.


El monumento está acompañado por cuatro anclas y recuerda la presencia británica en Santander durante 1835, en el contexto de la Primera Guerra Carlista.

La Legión Auxiliar Británica llegó a Santander aquel año dentro de la intervención británica vinculada a la Cuádruple Alianza.

Miles de hombres llegaron a España y una parte de ellos pasó por Santander.

El paso de aquella fuerza militar dejó huella en la ciudad, pero con el tiempo buena parte de aquella memoria desapareció del paisaje urbano.

El monumento del Cementerio Protestante es precisamente uno de los vestigios que permiten recordar aquella presencia.

De hecho, el catálogo de protección monumental del Ayuntamiento de Santander considera el cementerio un elemento de gran valor histórico y señala el monumento a la Legión Británica como el único vestigio de aquella estancia en Santander.

Es curioso pensar que, en medio de un barrio moderno de Santander, todavía exista un pequeño espacio que conserva ese vínculo con la historia militar y marítima británica del siglo XIX.


Jesse Stroud: el primer enterramiento

Y entonces aparece un nombre.

Jesse Stroud.

No es una figura famosa. No aparece en las grandes páginas de los libros de historia.

Era un inspector de ferrocarril británico.

Murió en Reinosa a los 44 años y fue enterrado en Santander el 9 de abril de 1864.

Fue el primer enterramiento registrado en el cementerio.


Y este dato nos permite hacer una precisión importante.

A veces se encuentra la fecha 1870 como año de construcción o terminación del Cementerio Protestante de Santander. Sin embargo, el primer enterramiento se produjo ya en 1864. Las fuentes documentales explican que el recinto se fue desarrollando por fases y que las obras de construcción quedaron terminadas en 1870. Más tarde, en 1912, se realizaron nuevas obras que dieron forma a elementos esenciales del recinto, entre ellos el muro, la portada y la verja de entrada que conocemos.

Por eso las dos fechas aparecen asociadas al cementerio:

1864: primer enterramiento.

1870: finalización de las primeras obras de construcción.

1912: importantes obras de acondicionamiento, muro y entrada.

Una pequeña cronología que ayuda a comprender la evolución de este lugar.


128 historias detrás de las lápidas

El Cementerio de los Ingleses no es exclusivamente inglés.

Aunque popularmente se le conozca con ese nombre, en él descansan personas de diferentes nacionalidades.

Británicos, alemanes, suecos, noruegos, españoles, franceses, daneses, holandeses, estadounidenses y personas de otros orígenes forman parte de la historia del recinto.

Son 128 enterramientos registrados.


Y ahí es donde el cementerio adquiere una dimensión mucho mayor.

Porque deja de ser simplemente un conjunto de lápidas antiguas.

Cada lápida representa una vida.

Algunos de quienes descansan aquí estuvieron relacionados con el comercio y la navegación. Otros fueron técnicos, ingenieros, empresarios, diplomáticos o trabajadores vinculados al desarrollo industrial que estaba transformando Santander durante el siglo XIX.

La historia de una ciudad también puede encontrarse en sus cementerios.

En ocasiones, incluso mejor que en sus monumentos.

Porque mientras una estatua nos recuerda a una persona célebre, una lápida puede hablarnos de alguien completamente desconocido que, sin embargo, participó en los cambios que transformaron una ciudad.


El ferrocarril también está bajo estas lápidas

Resulta especialmente llamativo que uno de los primeros enterramientos del cementerio corresponda precisamente a un trabajador relacionado con el ferrocarril.

No es casualidad.

La llegada del tren supuso una enorme transformación para Santander y Cantabria.

Ingenieros, técnicos y trabajadores extranjeros participaron en aquellas grandes obras de infraestructura.

El ferrocarril conectó territorios, facilitó el transporte de mercancías y personas y contribuyó al crecimiento económico de Santander.

Pero también tuvo una consecuencia mucho menos conocida:

trajo personas de otros países que terminaron formando parte de la propia historia de la ciudad.

Algunos vivieron aquí durante años.

Otros murieron lejos de sus lugares de origen.

Y algunos acabaron descansando detrás de esta verja.


Un cementerio escondido entre bloques de viviendas

Quizá una de las características más peculiares del Cementerio Protestante de Santander sea precisamente su ubicación.

Hoy se encuentra completamente integrado en el paisaje urbano.

Bloques de viviendas, calles, pistas deportivas y tráfico rodean un recinto que pertenece a otra época.

Desde fuera cuesta imaginar lo que hay detrás de la verja.

Es una especie de pequeña isla histórica.

Un espacio que quedó atrapado dentro de la expansión de Santander.

Lo que en otro tiempo pudo encontrarse alejado de la ciudad se encuentra ahora prácticamente absorbido por ella.

De ahí que el proyecto de investigación artística “Una isla en un barrio”, desarrollado por Itsaso Iribarren y Germán de la Riva, utilizara precisamente esa idea para estudiar y divulgar el cementerio.

El proyecto, apoyado por la Fundación Santander Creativa dentro de su convocatoria Cultura Emprende 2019, investigó el lugar desde perspectivas históricas, artísticas y sociales con el objetivo de sacar a la luz una parte de Santander que permanecía prácticamente desconocida para muchos vecinos.

Y la expresión resulta bastante acertada:

una isla en medio de un barrio.


La verja que separa dos épocas

Hay algo especialmente evocador en acercarse a este cementerio.

No hace falta entrar.

La verja permite observar parte de las tumbas y del interior.

Y precisamente esa imposibilidad de acceder libremente al recinto contribuye a que conserve un carácter diferente.

Desde la calle puedes ver lápidas antiguas, árboles, vegetación y el silencio del interior.

Al otro lado de la verja continúa la vida cotidiana de Cazoña.

Personas caminando.

Vecinos haciendo sus compras.

Coches circulando.

Niños jugando.

Y, a pocos metros, un pequeño recinto donde el tiempo parece haberse detenido.

Actualmente el cementerio permanece cerrado al público mediante una verja, por lo que cualquier visita debe realizarse respetando el recinto y sin intentar acceder al interior por cuenta propia.

Para quien quiera acercarse, se encuentra en la calle Cardenal Herrera Oria, en el barrio de Cazoña, Santander.

El acceso peatonal se encuentra en el entorno de las calles Luis Vicente de Velasco y Cardenal Herrera Oria.


Las piedras que cuentan una historia

Las lápidas son probablemente el elemento que más llama la atención.

Hay enterramientos sencillos.

Otros mucho más elaborados.

Cruces, inscripciones, pequeñas estructuras funerarias y diferentes formas de representar la memoria de quienes allí descansan.

El conjunto refleja también la diversidad religiosa y cultural de las personas enterradas.

No estamos ante un cementerio monumental construido para impresionar.

Su valor está precisamente en lo contrario.

En la suma de pequeños detalles.

Una inscripción.

Un apellido extranjero.

Una fecha.

Una profesión.

Una cruz.

Una tumba especialmente trabajada.

Una lápida casi escondida por la vegetación.

Cada elemento puede convertirse en una puerta hacia una historia.


Un muro de piedra de Escobedo

El recinto tampoco carece de interés arquitectónico.

Las obras realizadas en 1912 dieron al cementerio parte de la imagen que conserva actualmente.

El muro exterior fue construido con piedra caliza procedente de Escobedo de Camargo, y la entrada incorpora elementos de sillería y una verja de hierro.

Las dimensiones descritas en documentación histórica hablan de un recinto relativamente pequeño, pero perfectamente diferenciado del entorno urbano.

Es precisamente esa combinación entre piedra antigua, vegetación, lápidas y edificios modernos la que produce una imagen tan poco habitual.

Un pequeño fragmento del siglo XIX sobreviviendo en el Santander contemporáneo.


De cementerio olvidado a patrimonio histórico

Durante algunos años el recinto llegó a presentar un estado de abandono.

Con el tiempo se realizaron labores de conservación y el cementerio recuperó una apariencia más cuidada.

Su importancia histórica también ha sido reconocida institucionalmente.

El Ayuntamiento de Santander lo incluye dentro de su catálogo de protección monumental como Cementerio Protestante, destacando su valor histórico y su carácter de una de las escasas muestras de patrimonio protestante existentes en España. La ficha señala además su inclusión en el inventario correspondiente en 2004.

Pero quizá su mayor problema sea precisamente otro:

la mayoría de la gente no sabe que existe.

Y aquello que no conocemos corre siempre el riesgo de desaparecer de nuestra memoria colectiva.


“Una isla en un barrio”: recuperar las historias olvidadas

El desconocimiento que rodeaba al cementerio llamó también la atención de los artistas e investigadores Itsaso Iribarren y Germán de la Riva.

Su proyecto “Una isla en un barrio” nació precisamente con la intención de investigar este espacio y recuperar las historias asociadas a las personas enterradas allí.

No se limitaron a estudiar las lápidas.

Investigaron documentación histórica, archivos, arquitectura y memoria colectiva.

El resultado fue una investigación que trató de convertir el cementerio en una forma diferente de recorrer la historia de Santander.

Porque quizá esa sea una de las mejores maneras de entender un lugar:

a través de las personas que lo habitaron.

El proyecto culminó, entre otras iniciativas, en una publicación y una exposición que ayudaron a dar visibilidad a este rincón desconocido de Cazoña.


Matilde Camus y la memoria del cementerio

La escritora e investigadora cántabra Matilde Camus también dedicó una obra a este lugar:

“Prolegómenos del Cementerio Protestante de Santander y su evolución histórica”.

La existencia de esta investigación demuestra que el cementerio no es simplemente una curiosidad urbana.

Es una pieza documentada de la historia de Santander.

Una pieza que conecta religión, inmigración, comercio, industria, ferrocarril, navegación, conflictos militares y evolución urbana.

Todo dentro de unos muros.


El último enterramiento: 1990

El cementerio siguió utilizándose durante más de un siglo.

Desde aquel primer enterramiento de Jesse Stroud en 1864 fueron pasando generaciones.

Hasta que llegó el último.

Fue en 1990.

Con él se cerró una etapa de más de 125 años de enterramientos en este pequeño camposanto.

En total, 128 personas descansan allí.

Desde entonces, el cementerio ha quedado como un espacio funerario histórico.

Una especie de fotografía congelada de la presencia de comunidades extranjeras y protestantes en Santander.


¿Dónde está el Cementerio de los Ingleses de Santander?

📍 Ubicación: calle Cardenal Herrera Oria, barrio de Cazoña, Santander, Cantabria.

⛪ Denominaciones: Cementerio Protestante, Cementerio Británico, Cementerio de los Ingleses o Cementerio de Cazoña.

📅 Primer enterramiento: 9 de abril de 1864.

🏗️ Finalización de las primeras obras: 1870.

🚪 Obras de muro, portada y verja: 1912.

⚰️ Número de enterramientos: 128.

🕯️ Último enterramiento: 1990.

🔒 Acceso: actualmente cerrado al público mediante verja.

Si decides acercarte, recuerda que se trata de un espacio funerario y patrimonial. No es necesario entrar para descubrirlo: desde el exterior pueden observarse parte de las tumbas y la estructura del recinto.


¿Por qué merece la pena conocerlo?

Quizá porque Santander tiene mucha más historia de la que solemos mirar.

Conocemos el Palacio de la Magdalena.

Conocemos el Centro Botín.

Conocemos El Sardinero.

Conocemos el Paseo Pereda.

Conocemos la Catedral.

Pero existen otros lugares que no aparecen con tanta facilidad en las rutas turísticas.

Lugares pequeños.

Discretos.

Incluso extraños.

Lugares que no llaman la atención desde lejos.

Y, sin embargo, cuando conocemos su historia, empiezan a adquirir otro significado.

El Cementerio Protestante de Cazoña es uno de ellos.

No hace falta ser aficionado a los cementerios.

Ni a la historia militar.

Ni a la arquitectura.

Ni siquiera tener especial interés por el mundo británico.

Basta con sentir curiosidad por Santander.

Porque entre esas lápidas hay ingenieros que ayudaron a construir el ferrocarril, comerciantes, marineros, empresarios, diplomáticos, militares y personas anónimas que un día llegaron a esta ciudad desde lugares muy alejados.

Vinieron a trabajar.

A comerciar.

A viajar.

A construir.

A vivir.

Y algunos nunca regresaron a sus países.

Se quedaron aquí.

En Cazoña.

Detrás de una verja.













Una pequeña puerta hacia otra Santander

Quizá lo más fascinante de este lugar sea precisamente su contradicción.

Está oculto, pero no está lejos.

Es antiguo, pero está rodeado de edificios modernos.

Es británico en su origen, pero en él descansan personas de diferentes nacionalidades.

Es pequeño, pero contiene más de un siglo de historia.

Está cerrado, pero puede contemplarse desde el exterior.

Y sobre todo:

parece un lugar aislado de Santander cuando, en realidad, forma parte de la historia de Santander.

La próxima vez que alguien diga que ya conoce todos los rincones de la ciudad, quizá haya una pregunta que hacerle:

¿Conoces el Cementerio de los Ingleses de Cazoña?

Puede que la respuesta sea no.

Y quizá ahí comience el descubrimiento.


📚 Para saber más

Una de las investigaciones más interesantes realizadas sobre este espacio es “Una isla en un barrio”, de Itsaso Iribarren y Germán de la Riva, proyecto que estudió el cementerio desde una perspectiva histórica y artística.

También resulta fundamental el trabajo de Matilde Camus, autora de Prolegómenos del Cementerio Protestante de Santander y su evolución histórica.

Ambas investigaciones ayudan a comprender que este pequeño recinto no es simplemente un cementerio antiguo escondido entre edificios.

Es un fragmento de la memoria de Santander.

Y quizá uno de los que más merece la pena recuperar.


📌 Ficha rápida

Nombre: Cementerio Protestante de Santander
También conocido como: Cementerio Británico / Cementerio de los Ingleses / Cementerio de Cazoña
Lugar: Cazoña, Santander, Cantabria
Dirección: Cardenal Herrera Oria
Primer enterramiento: 1864
Obras terminadas: 1870
Reforma y verja: 1912
Enterramientos registrados: 128
Último enterramiento: 1990
Estado de acceso: cerrado al público
Elemento destacado: monumento a la Legión de Marinos Británicos
Interés: patrimonio histórico, religioso, ferroviario, industrial y cultural de Santander

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